Dormir y soñar: Binomio vital.

Updated: Nov 22


El objetivo de este blog es ayudar a la población en general a conocer diversas enfermedades relativas a la Neumología. De tal manera, que las personas en general, si padecen alguna enfermedad respiratoria, puedan conocerla mejor o sean capaces de identificar oportunamente algún síntoma que requiera valoración médica y que esto les permita tomar decisiones ampliamente informadas junto a su médico.


Hoy hablaremos del soñar, como se producen, su desarrollo en la infancia, importancia en el ser humano y describiremos brevemente las principales patologías de ella.


Al final del post podrá dejarnos sus comentarios y preguntas; o si lo desea directamente a nuestro correo: neumologo.oc@breathbaja.com


¿Por qué soñamos?


Los sueños son una experiencia que ocurre cuando dormimos que incluye la presencia de imágenes, sensaciones, pensamientos, emociones, habla y actividad motora. Además, también se ha sugerido que esta experiencia podría ser considerada como una regulación emocional del ser humano. De hecho, hasta antes de que se descubrieran las etapas del sueño, primordialmente la MOR, el psicoanálisis Freudiano consideraba a los sueños una manera de acceder a las funciones subconscientes de las personas. Las pesadillas son, por lo tanto, actividad cerebral durante el sueño que se caracteriza por emociones negativas y que se acompaña constantemente de manifestaciones corporales que son capaces de despertar a la persona. [1]


En la actualidad, se sabe que una parte del cerebro llamada hipocampo contribuye al sueño de las personas, en parte porque se asocia con la memoria, de tal manera que una parte de lo que soñamos podría originarse luego de una experiencia que se obtuvo mientras estábamos despiertos, aunque otra parte del sueño podría provenir de la memoria no consciente. [2]




Para mostrar cómo es que soñamos iniciaremos mencionando que la actividad cerebral es diferente despierto que dormido. Cuando dormimos existe una arquitectura del sueño que es considerada normal, donde se observarán distintas fases del sueño; la cual en términos generales podemos dividirla primeramente en dos fases: la fase MOR y la No MOR (NMOR). A su vez, esta última se subdivide en: N1, N2 y N3 (también conocida como fase de sueño de ondas lentas). [3] MOR significa “movimientos oculares rápidos” y como su nombre lo indica, durante esta fase se produce una serie de movimientos oculares cíclicos acompañado de parálisis muscular en el resto del cuerpo. Esta parálisis muscular ha sido considerada como un mecanismo de protección para evitar actuar lo que estamos soñando. Por otro lado, el movimiento ocular se considera que es secundario a un seguimiento de las imágenes alucinatorias que se presentan al momento de soñar. [4]




Por lo tanto, resulta obvio encontrar que las fases de sueño MOR y NMOR, tienen diferente actividad cerebral, y aunque en ambas fases pueden presentarse los sueños, es reconocido que aproximadamente el 80% de las personas que se despiertan en la fase MOR, logran recordarlos, en comparación con el 10% de los que despiertan en la fase NMOR. [4] Adicionalmente, una persona adulta, sana, puede tener aproximadamente cuatro o cinco episodios de MOR en una noche, que es el estimado de sueños que se tienen. Esto quiere decir que ocupamos aproximadamente el 20% del tiempo que dormimos en soñar. Cada periodo de MOR, y por consecuentemente cada sueño, ocurre en ciclos de 90 minutos intercalados por periodos de fase NMOR. Cabe mencionar que estos periodos de sueño pueden ser inicialmente de 5 min y extenderse a lo largo del tiempo que dormimos, siendo más largos al final de la noche. [4]


Bioquímicamente, se puede considerar que los sueños son originados por una mezcla compleja de neurotransmisores donde la serotonina, noradrenalina e histamina disminuyen significativamente; mientras la acetilcolina y la dopamina se incrementan. [5]


Desarrollo infantil de los sueños




La cantidad de tiempo que dormimos es mayor al nacimiento, llegando a presentarse hasta en un 50% del tiempo que dormimos e irá disminuyendo conforme crece, siendo aproximadamente del 20% entre los 3 y 5 años, cifra muy semejante a la del adulto. [4] No obstante, el 20% de los niños menores de 7 años reportan haber soñado, contrario al 80-90% de los adultos. [5]


En los niños en edad preescolar, los sueños suelen ser estáticos y sencillos. Por ejemplo, ver un animal o pensamientos sobre comer. No hay movimiento, ni interacciones sociales y sin incluir al soñador como un carácter activo. No hay memoria episódica, ni autobiográfica, quizá por la presencia de la amnesia infantil. No reportan miedo ni agresión, desgracias o emociones negativas. Aquí habrá que aclarar que los niños que sufren de terrores nocturnos, quienes se llegan a despertar (en fase NMOR) con un miedo y agitación intensa son terroríficos por la desorientación de un despertar incompleto.


A partir de los 7 años, los sueños se hacen cada vez mas largos y frecuentes, conteniendo sentimientos y pensamientos, adquiriendo una estructura narrativa agregándole memoria episódica y autobiográfica. [5]


Importancia de soñar


Los sueños son producto de la evolución del dormir y podrían tener un papel en la función creativa al proporcionar un modelo de realidad virtual donde el cerebro se está preparando para funciones integradoras tales como el aprendizaje y la conciencia. [5]



La fase MOR es importante en el aprendizaje y la consolidación de la memoria; además de que se ha observado que las personas que han sido privadas de esta fase tienden a hacer un “rebote” de sueño MOR.


Finalmente, se ha asociado una disminución de esta fase de sueño con la presencia de ciertas patologías neuropsiquiátricas, lo que ha dado sospechas que esta fase de sueño juegue una función vital en los seres vivos. [4]


TRASTORNOS RELACIONADOS AL SOÑAR.


Podemos mencionar básicamente la presencia de las pesadillas y los terrores nocturnos.


Las pesadillas se producen en la fase MOR, trata de sueños desagradables con emociones generalmente negativas, acompañadas de ansiedad, temor o terror; y termina en un despertar donde la persona se encuentra completamente alerta con una recolección vivida del sueño. [6, 7]


Son el resultado de hiperactividad acumulada durante el día y que se mantiene en la noche, tal como se ha observado en el trastorno de estrés postraumático y el insomnio, combinado con la extinción alterada del miedo donde los recuerdos del miedo se refuerzan continuamente. Estos dos factores contribuyen al guion de la pesadilla, como una respuesta desadaptada a experiencias traumáticas, adversidad infantil, fragmentación del sueño (vista en apnea de sueño y trastorno de movimiento periódico de piernas) o de otras condiciones psiquiátricas (como ansiedad y depresión). [7]




Por otra parte, los terrores nocturnos son generados en la fase NMOR (ordinariamente en fase N3) y son despertares acompañados de fragmentos de imágenes, pero con presencia de una respuesta autonómica muy intensa (ej. Sudoraciones y palpitaciones) además de que hay un retraso en estar completamente orientado luego de estos eventos. [6]



La prevalencia de los terrores nocturnos es cercana al 40% en los niños, mientras que en los adultos se presenta en el 10%. Se puede llegar a saltar de la cama en respuesta a la visualización de imágenes amenazantes. Esta desorientación puede durar de 5 a 20 minutos y los intentos por despertar completamente a la persona puede generar mayor confusión y agitación. [7]


Referencias

  1. Scarpelli S, Alfonsi V, Gorgoni M. What about dreams? State of the art and open questions. J sleep Res. 2022; 31: p. 1-12.

  2. Wamsley EJ. How the brain constructs dreams. eLife. 2020; 9.

  3. Kryger MH, Roth T, Dement WC. Principles and practice of sleep medicine. 5th ed.: Inkling; 2011.

  4. Eiser A. Physiology and Psychology of Dreams. Seminar in neurology. 2005; 25(1): p. 97-105.

  5. Nir Y, Tononi G. Dreaming and the brain: from phenomenology to neurophysiology. Trends Cogn Sci. 2010; 14(2): p. 88.

  6. American Academy of Sleep Medicine. International Classification of Sleep Disorders. 3rd ed.; 2014.

  7. Meurling IJ, Leschziner G, Drakatos P. What respiratory physicians should know about parasomnias. Breathe. 2022; 18.



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